El Chajá

El Chajá

 

En la Cuenca del Arroyo Carrasco llamamos al Chajá “El Centinela del Bañado”. Y su elegante figura está en nuestro logotipo, dado que es el símbolo de ABC Rural, nuestra Asociación Bañados de Carrasco Rural.


No es nada común aquí, en la zona, ni fácil de ver, pero su potente voz nos sorprende a veces, a dúo con su pareja, y nos deja en el alma una sensación de paz y contento: todo está bien!


 

Es un ave exclusiva de América del Sur, vive en Bolivia, Paraguay, sur de Brasil, mitad noreste de Argentina y en todo nuestro Uruguay. Y está emparentado con los gansos, cisnes y patos. Es de gran tamaño (cerca de los 90 cm) y de aspecto robusto, pero a pesar de eso está muy bien adaptado para el vuelo: tiene alas grandes y anchas, y en su cuerpo bolsas de aire y huesos huecos que hacen que pese relativamente poco.


Todo en el Chajá se corresponde con su tarea de valeroso guardián: por algunos de sus rasgos y por el planeo se parece a un águila; y además por su posición erguida, la cabeza fuerte y con copete, la coloración general gris, oscuro en la espalda y más claro en la parte inferior, el pico negro y ganchudo, la cara y las grandes patas de color rojo vivo, y dos grandes espolones rojos en cada ala. Adornan además su cuello, dos collares,  el superior desplumado, blanco, y el inferior de plumas negras. El macho y la hembra son muy similares, pero ésta es algo menor. Los pichones están cubiertos por un suave plumón amarillo dorado, más grisáceo en la espalda, parecen pollos de gallina, tienen la cara blanquecina, las patas color ladrillo y las uñas negras.


Nuestro amigo el Chajá vive siempre cerca del agua dulce: en bordes de lagunas, en bañados, esteros y campos inundables. Recorre lentamente las aguas bajas con vegetación acuática, en forma solemne, levantando mucho cada una de sus patas. Pero cuando vuela, luego de un despegue lento y ruidoso, gracias a la conformación de su cuerpo adaptada a esa función, como ya dijimos, lo hace muy bien. Y llega con frecuencia a planear en círculos muy altos, aprovechando las corrientes ascendentes de aire cálido, como lo hacen algunas aves rapaces y las cigüeñas.


Si bien son muy terrícolas, y pasan la mayor parte del tiempo recorriendo las orillas húmedas, suelen posar también sobre árboles altos, como los ombúes, desde donde dominan el humedal circundante.

A veces, sobre todo cuando encuentran una buena provisión de alimento, forman bandadas. Pero lo más común es encontrarlos en pequeños grupos y en parejas, y éstas, son para toda la vida. Esto representa uno de los casos más interesantes y claros de monogamia en la naturaleza. Un autor ha comentado que, habiendo sido muerto por un cazador furtivo un integrante de la pareja, el otro también murió o desapareció de la zona.


Construyen un nido voluminoso y semiflotante, hecho de juncos, paja-brava y otros materiales del lugar, con la superficie interna recubierta de pastos suaves y hojas secas, en sitios bien ocultos del humedal. Ponen 5 y a veces 6 huevos, con algunas variaciones de tamaño y de color, siendo blancos al principio y oscureciéndose un poco después.


Además de ser muy buenos esposos, como ya comentamos, los chajás son muy buenos padres, y ambos se encargan de la incubación de los huevos y la crianza de sus pichones.  Estos, abandonan el nido al poco rato de nacer y se alimentan por sí mismos, si bien permanecen en los alrededores al cuidado de sus padres por un tiempo. Y son muy nadadores, al contrario de los mayores que lo hacen raramente.


Los adultos, siendo muy buena gente, como ya comentamos, tienen como todo el mundo a veces sus conflictos de vecindad, y en esos casos es cuando utilizan con mucha eficacia los fuertes espolones de sus alas, dando secos y fuertes aletazos.


El nombre común, “chajá”, es onomatopéyico, deriva de su fuerte voz de tres sílabas y que se oye perfectamente desde varios kilómetros. De inmediato, ante cualquier posible peligro, dan la alarma, cumpliendo con su tarea de vigilantes guardianes. La pareja grita en contrapunto, elevando y sacudiendo la cabeza, diciendo el macho “cha-ja-á!” y la hembra responde “cha-ja-í!, tanto posados como en vuelo.


Otro dato muy interesante de nuestros amigos los chajás, es que son vegetarianos: consumen hojas, semillas y frutitos de plantas acuáticas mayormente nativas, aunque también frecuentan bastante los cultivos de arroz. Además de esa su dieta principal, como la mayoría de las aves, durante la época reproductiva consumen pequeñas cantidades de proteína animal.


El chajá está distribuido por todo el Uruguay, siendo más abundante por supuesto en los humedales del este y en las otras zonas arroceras que en el resto de la campaña. Y no realiza migraciones. Afortunadamente, no suele ser víctima de los cazadores furtivos, que tanto daño hacen a otras especies de nuestra fauna, probablemente a causa de que su tamaño es grande sólo en apariencia, y por eso su carne es escasa y de mala calidad.


Cuando tengamos la suerte de verlo y/o escucharlo en los bañados, recordemos que es un hermoso y muy interesante ser alado de nuestra naturaleza uruguaya.

Y protejámoslo, como se merece.

 

 

Nombre científico:  Chauna torquata

Nombre en inglés:   Southern screamer

Nombre en Brasil:  Tachâ

Nombre en Bolivia: Tapacaré

 

Juan José Antía



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