Los Bañados - Humedales

31 de Julio de 2018
Los Bañados
 
Los bañados son ambientes de transición entre los ambientes terrestres y acuáticos. Pueden ser encontrados en todos los climas, desde zonas tropicales hasta la tundra con excepción de las zonas antárcticas. Ocupan un 6 % de toda la superficie terrestre.
 
Son de los ecosistemas más productivos – tienen una alta tasa de producción de biomasa por unidad de área, realizada por los productores primarios a través de la fotosíntesis. Su productividad puede exceder la de la tierra o de los océanos. Además de promover y sostener una diversidad de fauna y flora, actúa como un filtro vivo que procesa los contaminantes que le llegan por escorrentía y deposición atmosférica.
 
La biodegradación de compuestos orgánicos, el ciclo de los elementos, el intercambio con la atmósfera, el sustento de fauna y flora, le confieren al bañado capacidades únicas. Estas funciones que cumplen los bañados son fundamentales para el mantenimiento de la calidad de agua de los sistemas que están en asociados a él.
 
Los bañados están ubicados en tierras bajas y generalmente están cubiertos con una capa de agua. Estas condiciones determinan un tipo de suelo particular, los histosoles. El exceso de material vegetal y la capa de agua con velocidades de circulación baja, crean condiciones con bajo tenor de oxígeno. En esas condiciones, la materia vegetal es degradada lentamente formando la turba.
 
 
Los bañados pueden actuar como sumidero o fuente de contaminantes.
 
Sumidero: Los bañados pueden ser sumideros de carbono al acumular materia orgánica que no es rápidamente degradada. 
 
Fuente: Los contaminantes son transportados de un ecosistema a otro. Las tierras altas pueden ser fuentes de sólidos en suspensión, nutrientes y otros contaminantes a los bañados. Si esos elementos se acumulan en los bañados, este va a ser fuente para los ecosistemas adyacentes como los arroyos, ríos, lagos, estuarios y la playa.
 
También cumplen un rol transformador: los contaminantes que llegan a los bañados son transformados por medio de complejas reacciones biogeoquímicas promovidas por la microfauna y flora asociada y son luego aportados como nuevos compuestos a los ecosistemas adyacentes.
 
 
En otros países, como aquí en el Uruguay, varios miles de hectáreas de bañado han sido drenados para aumentar las tierras para uso agrícola.
 
El drenado cambia las condiciones de retención de agua y el tipo de material que se deposita, modificando drásticamente la estructura y el funcionamiento de esos ecosistemas.
 
Esta práctica ha sido muy común en décadas pasadas, pero con el aumento de la consciencia global sobre el agotamiento de los recursos y el reconocimiento de los servicios que brindan los sistemas naturales, se han propuesto proyectos de recuperación de bañados que antes habían sido transformados para otros usos. Esta reconversión de tierras, busca recuperar el régimen hidrológico natural, pero es una recuperación lenta, ya que los procesos de formación de los bañados llevan miles de años y es muy difícil volver a las condiciones previas a la intervención. 
 
Algunos de los servicios ecosistémicos que mencionamos depende de un elemento estructural del bañado: la turba. 
 
La turba es un recurso natural no renovable a nuestra escala de tiempo. Su proceso de formación es relativamente lento debido a la poca disponibilidad de oxígeno, la baja actividad microbiana y a veces por ser ambientes ácidos. La producción de turba se estima entre medio y diez centímetros cada cien años.
 
La turba se utiliza ampliamente en jardinería. Por su capacidad de retención de agua debido a su textura esponjosa, mantiene un microambiente ideal para las plantas, que crecen más vigorosas. Una vez desecada, la turba sirve como combustible.
 
En los bañados, la turba cumple un rol ecosistémico fundamental en el mantenimiento y regulación del clima.
 
Además de actuar como un filtro, la turba atrapa el carbono atmosférico en su estructura. Por encontrarse bajo agua, en un ambiente anóxico (sin oxígeno) o con bajísimo tenor de oxígeno, esta no se degrada y el carbono queda formando parte de su estructura. Al desecar el terreno, la materia orgánica empieza a oxidarse y es liberada al ambiente, en un proceso conocido como remineralización.
 
Este CO2 no es liberado inmediatamente a la atmósfera, sino por los usos posteriores de la turba, como especialmente, en la horticultura, que va a ir descomponiendo la turba y liberando lentamente el CO2 a la atmósfera.
 
Según un estudio del 2007 de la Oficina Federal Alemana de Baja Sajonia para la minería, energía y geología, las turberas liberan aproximadamente 7,8 millones de toneladas de equivalente a carbono en forma de CO2. Esto supone el 2,8% de las emisiones totales de CO2 de Alemania.
 
Actualmente, zonas de extracción de la turba en la reserva natural Esterweger Dose, están siendo sometidas a un proceso de restauración. Se deja que la materia orgánica se acumule y se excluye el oxígeno. Tras 10 años de experimento, ya se observa un crecimiento del esfagno (musgo típico de las turberas) que cubre la superficie.
 
Por otro lado, los ambientes ricos en turba liberan el metano (CH4) a la atmósfera, que es un gas de efecto invernadero (GEF) 21 veces más potente que el CO2. De cierta forma este efecto reduce el efecto positivo de la absorción del CO2.
 
En el momento de evaluar los beneficios en la preservación y restauración o recuperación ecosistémica, es necesario tener en cuenta todos los argumentos de la ecuación ambiental.
 
Además del balance de los GEF, están los beneficios de actuar como sumidero de contaminantes, regulación de ciclo hidrológico, nido de biodiversidad de fauna y flora y otros valores intangibles que tienen que ver con los valores recreativos, culturales y espirituales que esos ambientes nos brindan.
 
 
Luciana Mello de Carvalho

 



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